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Reflections on Spain

Maestrazgo: Off the Beaten Path

When traveling across the countryside of Spain, I find that making room for the unexpected can provide rich dividends. Just about this time last year Ruth and I were planning our trip to the Alimentaria Food Fair in Barcelona. Most of our itinerary was routine, except for a few unscheduled days that we set aside prior to the event –you might call it a ‘wild card,’ an open-ended detour. Our trusted friend Pilar, who knows Spain intimately, told us of a picturesque and secluded town with a Parador / Inn deep in the Maestrazgo Mountains of Teruel, so we decided on a whim to explore in that general area.

We knew that the roads in Spain are fine, even the secondary ones, so we rented a car at the airport for a couple of days and drove southwest from Barcelona winding through orchards and olive groves until we arrived at our destination – Alcañiz. It is a town of 12,500 souls who live at the foot of an imposing XII-XIII C castle and convent. The Knights of Calatrava constructed the fortress and adjoining chapel centuries ago in order to keep watch over a critical mountain pass.

After spending a restful night in the parador, Ruth and I were admiring the gothic frescos in the chapel only to discover that we were about to be enveloped by a wedding party! As young men of the town were gathering in the plaza in front of the castle – all very suave with sunglasses and suits – the groom arrived in his restored candy-apple red ’58 Chevy Impala! What a happy occasion we witnessed with the families and friends of the bride and groom strolling through the gothic open-air cloister — with many frisky children darting in and out as their extended families proceeded to the chapel. Certainly it was an unexpected joy for us.

At breakfast we had picked up a tri-fold leaflet describing the castle-palace of Valderrobres. As stately as it looked in the folder, we found that the town was not mentioned in any of our guide books – not even the trusty green Michelin. So we set out to see for ourselves. As we drove down the back roads of a region called La Matarraña, we found the byway flanked with almond trees laden with the first white flowers of spring.

After many turns in the country road, the stately city of Valderrobres came into view. The mountain town was liberated in 1170, during the Reconqista, later evolving into the seat of the Kingdom of Aragón. It was the residence of noble families, royalty, bishops and cardinals until it was abandoned in 1656. Now it is a modest rural town.

The most important structure in Valderrobres is an imposing castle built by the same Knights of Calatrava who constructed the castle in Alcañiz – this time 200 years later in the XIV C. I read that this stone fortress is considered one of the finest examples of civil Gothic architecture in all of Spain! And to think that we had just stumbled upon it!

As we entered the gate to the crenellated tower of the castle, Ruth and I stopped by a modest souvenir stand where an old lady was selling tickets for a guided tour. She was warming her feet next to a ‘butano’ portable heater, since it was early in March and there was a nip in the air. While we were waiting for the guide she proudly told us of a folkloric group composed of people from the neighboring villages. Together, in traditional costumes, they dance and sing the ancient songs of Aragón, accompanied by antique stringed instruments, which might have been in their families for years. We bought a CD to accompany us as we drove toward the hustle and bustle of Barcelona. After only two or three hours we reentered the twenty first century!

So many times when I feel frazzled by the demands of life in our complex modern age I find myself yearning for the simpler days gone by. The truth is that whether we are in Spain or exploring grass roots America, all we need to be is a little adventurous. Last year when we set aside our schedule and left the beaten path Ruth and I found ourselves refreshed — we made contact with a way of life that has been around us all the time. We just have to look for it.

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Rutas Alternativas Españolas

En mis viajes por la campiña española, me parece que dejar espacio para lo inesperado puede reportar grandes beneficios. Alrededor de estas fechas el año pasado Ruth y yo estábamos haciendo planes para nuestro viaje a la Feria de Alimentación Alimentaria en Barcelona. La mayor parte de nuestro itinerario era rutinario, excepto unos pocos días que habíamos reservado antes del evento. Se podría decir que fue una apuesta, una visita con final abierto. Nuestra amiga de confianza, Pilar, que conoce España a conciencia, nos habló de un pueblo pintoresco y retirado que tiene un Parador en las profundidades de las montañas del Maestrazgo de Teruel, así que decidimos en el calor del momento explorar esa zona en general.

Sabíamos que las carreteras de España son buenas, incluso las secundarias, así que alquilamos un coche en el aeropuerto para un par de días y condujimos hacia el suroeste desde Barcelona, atravesando huertos y olivares hasta llegar a nuestro destino, Alcañiz. Se trata de un pueblo de 12.500 almas que viven a los pies de un imponente castillo y convento de los siglos XII-XIII. Los Caballeros de Calatrava construyeron la fortaleza y la capilla adosada hace siglos para poder vigilar un pase de montaña crítico.

Después de pasar una noche llena de descanso en el parador, Ruth y yo estábamos admirando los frescos góticos de la capilla. ¡Entonces nos dimos cuenta de que estábamos a punto de vernos rodeados por una boda! Mientras los jóvenes del pueblo se reunían en la plaza frente al castillo – todos muy elegantes con gafas de sol y traje – ¡el novio llegó en su Chevy Impala del 58 restaurado color caramelo de manzana! Qué ocasión más feliz presenciamos, con las familias y amigos de la novia y el novio paseando en el claustro gótico abierto, con muchos niños juguetones saliendo y entrando como exhalaciones mientras sus familias al completo entraban en la capilla. Para nosotros fue sin duda una felicidad inesperada.

En el desayuno habíamos cogido un tríptico que describía el castillo-palacio de Valderrobres. Con lo majestuoso que parecía en el folleto, nos dimos cuenta de que ninguna de nuestras guías lo mencionaba, ni siquiera la Michelín verde de confianza. Así que nos fuimos a verlo por nuestra cuenta. Al conducir por las estrechas carreteras de una región llamada La Matarraña, encontramos los lados de la carretera llenos de almendros repletos de las primeras flores de la primavera.

Después de muchos giros en la carretera comarcal, la majestuosa ciudad de Valderrobres apareció ante nosotros. Este pueblo de montaña fue liberado en 1170, durante la Reconquista, y luego evolucionó hasta convertirse en la sede del Reino de Aragón. Fue residencia de familias nobles, realeza, obispos y cardinales hasta que fue abandonada en 1656. Ahora es un modesto pueblo rural.

La estructura más importante de Valderrobres es un imponente castillo que construyeron los mismos Caballeros de Calatrava que construyeron el castillo de Alcañiz, esta vez 200 años después, en el siglo XIV. He leído que esta fortaleza de piedra se considera uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica en toda España. ¡Y pensar que nos lo habíamos encontrado de casualidad!

Cuando entramos por la puerta de la torre almenada del castillo, Ruth y yo paramos en un modesto puesto de souvenirs en el que una viejecita estaba vendiendo entradas para una visita guiada. Estaba calentándose los pies junto a una estufa de butano portátil, ya que era principios de marzo y hacía fresco. Mientras esperábamos al guía nos habló con orgullo de un grupo folclórico compuesto de gente de los pueblecitos de alrededor. Juntos, vestidos con trajes tradicionales, cantan y bailan canciones de Aragón, acompañadas de antiguos instrumentos de cuerda, que pueden haber pertenecido a la familia desde hace años. Compramos un CD para acompañarnos mientras conducíamos hacia el bullicio y la aglomeración de Barcelona. ¡En sólo tres horas volvimos a entrar en el siglo veintiuno!

Hay muchas veces que acabo tan agotado por las demandas de nuestra compleja vida moderna que me encuentro anhelando los días de simplicidad que ya se fueron. La verdad es que, estemos en España o explorando la América rural, lo único que necesitamos es ser un poco aventureros. El año pasado, cuando dejamos de lado nuestra agenda y nos salimos del camino trillado, Ruth y yo nos sentimos renovados; habíamos conectado con una forma de vida que nos ha rodeado todo el tiempo. Lo único que tenemos que hacer es buscarla.

Tu Amigo,

Don

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