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Reflections on Spain

Galicia: Salt of the Earth, Fruit of the Sea

The bond of the people of Galicia to their ocean is complete. The coast is punctuated by rias or fjords - fingers of the ocean reaching deep into the land, delivering the riches of the sea virtually to their doorsteps of Galician homes.

A large bearded Gallego fisherman named Gaspar told my sons that it was not that long ago that the water was blackened by schools of fish. With a twinkle in his eye he bragged that he once caught a school of sardines in his swim trunks. Today, shellfish are at fraction of historical highs.

My sons Tim and Jonathan met Gaspar in the fishing village of Carril located on one of the Rias. The town is the site of Los Peperetes, the premium tinned shellfish of Spain. Their tiny plant is called Jelopa, named by the founder for his oldest son, Jesus Lorenzo Paz. It sits right on the waterfront.

Across the street one can see a small beach apportioned into little rock lined squares of sand where the berberechos (cockles) and two types of clams are seeded and farmed. The shellfish grow in the top meter of sand with the berberechos on top, next a layer of almejas (clams), then another layer of a type of clams / almejas that are often eaten raw.

They are all harvested after about a year of growing and brought to the preparation area at dusk. There they are put into a large sea water bath to rest and purge sand all night long. The next morning the seafood is prepared and placed in individual tins – all by hand, with a great concern for absolute quality. My sons tried percebes-neck barnacles), chipirones (tiny cuttlefish) in their ink, zamboriñas (scallops), navajas (razor clams) - which were all terrific. The Gallegos have the gift of turning just about every sea-creature into a treat!

This February my wife Ruth and I decided to ‘Get away from it all' and spend a few winter days in the Rias Baixas (Lower Rias) – the fjords of Galicia in Northwest Spain. We packed lots of woolen clothes, and rain gear as we embarked on our damp wintry adventure to the land of the Celts – which turned out to be no adventure at all!

As we flew into Santiago de Compostela and drove along the coast visiting one sparkling fishing village after another, we passed dozens of acacia trees with bowers of gorgeous golden flowers. There were tall camellia trees (not bushes) covered with pink and white flowers. Every once in a while we would catch a glimpse of lemon trees so covered with their bright yellow fruit, that we could not see a leaf. We experienced a pristine springtime as it was emerging.

One of our destinations was Finisterre – finis terra - the end of the world. There by the lighthouse on a rocky point of land, we saw young pilgrims with their backpacks completing this last lap on the 400 mi long Camino de Santiago – as pilgrims have traveled for more than 1,000 years. Then, we went to the rival town of Muxia which trumps the claim of Cabo Fisterre to be truly the western-most land in Europe.

They 'one-up' another famous town too. Padrón may have the little green pimientos de Padrón peppers and it may have been where the stone ship carrying the remains of Santiago (Saint James) from the Holy Land came to rest, but it was at the lighthouse of Muxia where the Virgin Mary stepped ashore from her own stone ship! It is commemorated by the lighthouse El Faro Virgin del Barca. And lest you think that stone ships do not float, you can visit a nearby Casa Rural and inspect one yourself!

Our trip could not have been more engaging as we visited one harbor after another along the endless fingers of the fjords which run for hundreds of kilometers. We headed north along the “Costa del Muerte” until the shore turns east along the Rias Altas (the upper fjords). The shoreline is called the Coast of Death because of the high winds, turbulent waters and rocky coast where thousands of ships have met their fate – not the least of which were the ships of the Spanish Armada, when 1500 sailors lost their lives.

Right at the very northwest point is the village of San Andrés de Texeido where death-defying young men repel sheer granite cliffs rising from the windswept sea. They risk their lives to chip off percebes – goose-neck sea barnacles -- from the sheer face of the cliff with the ocean crashing below. In the local restaurants they are steamed and served just as they are. My son Jonathan told me not to leave Galicia without enjoying some – even though the cost is astonishing ($80/lb). He was right. They have an inimitably pure taste of the sea – like Ipswich clams, but more so. I felt humbled by the brave men who risked so much to bring them to our table.

Many people first think of the exotic parts of Spain: gypsies, flamenco, forts, fountains and colorful tiled patios. This legacy of 700 years of a Moorish presence is fascinating and significant. But the tapestry of Spain contains many more threads. Ruth and I find it absorbing to explore the variety of cultures still represented in this ancient land. For example, some of you may not even know of Celtic Spain – complete with bagpipes and the misty hills of the Northwest.

The next time you are planning a trip to Spain, I urge you to consider spending some time in green and gorgeous Galicia – especially in the early spring before the tourists come. The scenery is dramatic, the people are the salt of the earth and the seafood is incomparable.

Tu Amigo

Don

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Reflexiones en Español

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Galicia: Sal de la Tierra, Fruto del Mar

Queridos amigos de La Tienda,

Los fuertes lazos del pueblo gallego con la mar son incuestionables. La costa se halla salpicada de rías – brazos de mar que penetran en la tierra. Las aguas del océano Atlántico y el mar Cantábrico rebosan de vida acuática que prácticamente les llega servida a la puerta de casa.

Gaspar, un gallego de gran estatura y con barba, les dijo a mis hijos que no hacía mucho los bancos de peces teñían las aguas de negro. Con ojos brillantes presumía de que una vez capturó un banco de peces con su bañador. Hoy en día, la cantidad de pesca y marisco es una pequeña fracción de lo que siempre había sido.

Mis hijos Tim y Jonathan conocieron a Gaspar en la aldea de pescadores de Carril que se encuentra en una de las rías. Este pueblo es origen de Las Peperetes, conservas de almejas, berberechos y otros moluscos españoles de gran calidad. Su pequeña fábrica se llama Jelopa, el fundador la llamó así por su primogénito, Jesús Lorenzo Paz. Está justo al borde del mar.

Al otro lado de la calle se divisa la pequeña playa dividida en cuadrados delimitados por pequeñas rocas en la arena donde se crían los berberechos y dos tipos de almejas. Los moluscos se cultivan en el primer metro de profundidad de la arena; los berberechos arriba, después una capa de almejas y luego otra capa de un tipo de almeja que a menudo se come cruda.

Todas se recolectan tras un año de crianza y se llevan a la zona de preparación al atardecer. Allí se les sumerge en un baño de agua marina para que reposen y purguen la arena durante la noche. A la mañana siguiente estos moluscos se preparan y se colocan en latas individuales-todo el proceso es manual, y se lleva a cabo con gran esmero para conseguir la más alta calidad. Mis hijos probaron los percebes, chipirones en su tinta, zamboriñas, navajas… y todo estaba delicioso. ¡Los gallegos tienen el don de convertir prácticamente cualquier criatura marina en un delicioso bocado!

El pasado febrero mi esposa Ruth y yo decidimos “olvidarnos de todo” y pasar unos días de invierno en las Rias Baixas gallegas, al norte de la península ibérica. Pusimos en la maleta mucha ropa de abrigo e impermeables preparándonos para nuestra húmeda aventura invernal en la tierra de los celtas- ¡que resultó no ser ninguna aventura!

Tras aterrizar en Santiago de Compostela, condujimos por la costa visitando una tras otra fecundas aldeas pescadoras, a nuestro paso se asomaban docenas de acacias con ramilletes de unas esplendorosas flores de tonos dorados. Había espigados árboles de camelias (que no arbustos) cubiertos de flores rosadas y blancas. Aquí y allí se veían limoneros tan rebosantes de fruta que no se veía una hoja. Vivimos la lozanía de una primavera naciente.

Uno de nuestros destinos era Finisterre- finis terra- el fin del mundo. Allí junto al faro en un paraje rocoso, vimos a unos jóvenes peregrinos con sus mochilas que completaban los últimos kilómetros de los 650 con que cuenta el Camino de Santiago – tal como lo han ido haciendo los peregrinos durante más de 1000 años. Entonces nos acercamos a un pueblo rival, Muxia, que se impone sobre Cabo Finisterre al ser realmente el punto más occidental de Europa.

En Muxia compiten también con otro famoso pueblo. Puede que sean de Padrón esos pequeños pimientos; puede que fuera allí donde arribara la embarcación de piedra que transportó los restos de Santiago apóstol desde Tierra Santa; pero cuenta la leyenda que fue en el faro de Muxia donde la Virgen María desembarcó de otra nave de piedra. En conmemoración a este hecho se erigió el faro de la Virgen de la Barca. ¡Y por si no creyera usted que las barcas de piedra flotan, puede visitar la cercana Casa Rural e inspeccionar una por sí mismo!

Nuestro recorrido no pudo haber sido más apasionante, visitamos un puerto tras otro a lo largo de los infinitos brazos de rías que se extienden cientos de kilómetros. Nos dirigimos al norte por la Costa de la Muerte hasta que la costa se desplaza hacia el este por las Rías Altas. La llaman Costa de la Muerte por sus fuertes vientos, turbulentas aguas y acantilados en los que miles de barcos han hallado su final- sin olvidar a los buques de la Armada Española, de la que se cobraran 1500 vidas.

En el vértice más pronunciado está la villa de San Andrés de Texeido en la que los jóvenes, desafiando a la muerte, sortean brutales acantilados de granito que se elevan sobre el batido oleaje. Arriesgan sus vidas para desprender los percebes de las escarpadas rocas contra las que combaten violentas las aguas. En los restaurantes de la zona son hervidos y servidos tal cual. Mi hijo Jonathan me sugirió que no me marchara de Galicia sin probarlos- aunque el precio es exorbitante ($80/lb). Tenía razón. Tienen un sabor puro a mar - parecido al de almejas de Ipswich, pero aún más intenso. Me sentí empequeñecido ante los valientes hombres que arriesgan tanto para traerlos hasta nuestra mesa.

Mucha gente piensa en primer lugar en lo exótico de España: los gitanos, el flamenco, los castillos, las fuentes y los patios de azulejos. Pero el tejido de España es mucho más complejo- tan fascinante como es el legado de 700 años de presencia musulmana, encuentro fascinante también explorar la variedad de culturas aún presentes en esta tierra ancestral. Algunos de ustedes puede que no conozcan la España Celta- al noroeste de la península, repleta de gaitas y de colinas brumosas.

La próxima vez que proyecte un viaje a España, le insto a que reserve unos días para visitar la verde y hermosa Galicia- especialmente a principios de la primavera antes de que empiecen a llegar los turistas. El paisaje es espectacular, las gentes son la sal de la tierra y el pescado y el marisco son incomparables.

Su amigo,

Don

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