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Reflections on Spain

Harvests of the New World

Once upon a time, a long time ago, when I was a little boy, I was lying on my bed with a coloring book propped on the pillow. It was a delightful publication with a Thanksgiving Harvest theme. On the center pages I found the outline of a cornucopia –- a horn of plenty -- burgeoning with all kinds of fruits of the soil. I had so much fun filling in the drawing with varied colors of the fruits and vegetables with my black 12 color Crayola box – those were the days before the 64 crayon cartons featuring colors such "Macaroni & Cheese" and "Purple Mountain Majesty."

Harvest time has always been a satisfying season for me. I see in each fruit and vegetable the fulfillment of their growth from spring seedlings to autumn maturity. My grandchildren get a hint of this view of life when they make their annual visit to "Pumpkinville" --a field of haystacks and long vines that harbor big orange jack o' lanterns.

Over the years my wife Ruth and I have traveled through the Spanish countryside during the autumn months. Some villages were laden with the aroma of wine during their Vendimia wine festival celebration. Near Plasencia in Castilla-Leon we visited with our friend Cecilio at the mill of La Chinata Pimentón de la Vera. He introduced us to farmers who were slowly curing their freshly picked peppers in wooden smoke houses in preparation for the mill.
How easy it is to imagine timeless Spain where the local harvest traditions have been going on for thousands of years. But of course it is not the case. Radical changes occurred in 1492: not only the final triumph of the 700 year struggle with the Moors on the plains of Granada, but, most notably, Christopher Columbus's discovery of America. It was a watershed for Spain and its cuisine: the introduction of new foods from the Americas heralded a revolution in how Spaniards farmed, cooked and enjoyed food.

Think a moment. Can you imagine a piping hot mug of thick chocolate a la taza without the chocolate? What about that cooking favorite tomate frito, if there were no tomatoes? Then there is tortilla Española with nary a potato! It sounds absurd, but that is the way it was before Ferdinand and Isabella sent Christopher Columbus to the New World. Much of what we think of as Spanish gastronomy did not exist 600 years ago.

Ferdinand and Isabella sent Columbus in search of rare spices. Seasonings such as black pepper were so precious that the monarchs hoped his voyage would discover a new route to the Spice Islands. Why were spices so crucial? Remember they did not have side by side refrigerators providing an unlimited supply of ice cubes to tumble into their glasses of Coke. They had no refrigeration at all. Pepper, along with sea salt, was a priceless preservative for their meats.

When Columbus returned from the New World, he headed straight to the Royal Court, which at the time was encamped at the Real Monasterio de Guadalupe deep in the mountains of western Spain. (Fernando and Isabel had an itinerant court which was often on the move in order to reinforce relationships across various parts of their realm. Before Guadalupe they had been in Sevilla). There in the Mudejar monastery nestled in a mountain valley he presented his Patrons with chili peppers, among other treasures. The king and queen were delighted.

Without delay the local Franciscan brothers sowed the seeds in the monastery gardens – less than a day's journey from where smoked paprika is grown today! Thanks to the horticultural interest of Columbus, from that time forward the people on both continents enjoyed food that was flavored and preserved by smoked paprika.

Many other culinary treasures that the first explorers brought back to Spain were far more lasting than silver and gold. They changed the way of life for all of Europe. The list of foodstuffs is amazing: vanilla, chocolate, tomatoes, potatoes, strawberries, squash, corn, avocado, pineapples, and peppers of all sorts. Where would we be without them?

The Spaniards introduced many of their own treasures to America. Can you imagine a time when there were no citrus fruits in California, Texas and Florida? Imagine the Wild West without horses? All of these were brought to the New World by the explorers and missionaries. Since Spaniards have always loved good food, Christopher Columbus made sure some Ibérico pigs were included on the first voyage. After all, how could a Spaniard properly dine without his pata negra ham?
When you sit down at your Thanksgiving table, surrounded by family and other loved ones, don't forget our fore bearers who contributed to the food before you -- a Cornucopia of many civilizations.

Our family wishes yours a warm and loving Thanksgiving Day.

Don

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Cosechas del Nuevo Mundo

En una ocasión hace mucho tiempo, cuando yo era sólo un niño, me eché en la cama con un libro para colorear apoyándolo sobre la almohada. Era una encantadora publicación dedicada en ese número al Día de Acción de Gracias. En las páginas centrales, encontré el perfil de una cornucopia- el cuerno de la abundancia—rebosante con todo tipo de frutas frescas. Disfruté realmente esos momentos coloreando el dibujo de las frutas y vegetales con los diferentes tonos de mi caja negra de Crayola de 12 colores—por entonces aún no existían las cajas de 64 colores con tonos como el "Macarrones con Queso" y "Cárdeno Elevación Majestuosa."

El tiempo de la cosecha siempre ha sido muy gratificante para mí. Reconozco en las frutas y verduras la culminación del desarrollo desde la germinación en la primavera a la madurez del otoño. Mis nietos vislumbran este aspecto de la vida en su visita anual a "Pumpkinville" la aldea de las calabazas—un campo de almiares y altas parras que abriga grandes y anaranjadas "jack o´lanterns" nombre de las calabazas decoradas para Halloween.

A través de los años, mi esposa Ruth y yo hemos viajado por el campo español durante los meses de otoño. Algunas aldeas estaban embriagadas por el aroma del vino durante la vendimia, la celebración de la fiesta del vino. En las cercanías a Plasencia en Castilla-León, visitamos a nuestro amigo Cecilio en el molino de La Chinata Pimentón de la Vera. Nos presentó a sus labradores que secaban lentamente los pimientos recién recolectados en cabañas de ahumado preparándolos para el molino.

¡Qué fácil es imaginar una España inmemorial en la que los ciclos de las estaciones se han ido sucediendo durante miles de años! Por supuesto, éste no era el caso. Cambios radicales sucedieron en la España de 1492. Marcaron un hito para la nación, no sólo por el triunfo final tras 700 años de litigio con los Moros en las llanuras de Granada. También acaecía por aquel entonces el trascendental viaje al Nuevo Mundo de Cristóbal Colón y su introducción de nuevos alimentos.

Reflexione por un momento: ¿Se imagina un gran tazón de chocolate bien caliente sin el chocolate? ¿Y qué sería de esa preciada salsa de tomate frito si no hubiera tomates? ¿Y de la tortilla española sin una triste patata? Suena absurdo, pero así era antes de que los reyes Isabel y Fernando enviaran a Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. Mucho de lo que ahora consideramos como gastronomía española no existía hace 600 años.

Los Reyes Católicos encargaron a Colón la búsqueda de raras especias. Condimentos tales como la pimienta negra eran tan preciados que los monarcas esperaban que su periplo descubriera nuevas rutas a las Islas de las Especias. ¿Por qué eran estos condimentos tan decisivos? Recuerde que por entonces se carecía de los frigoríficos que proporcionan un ilimitado abastecimiento de cubitos de hielo que poner en los vasos de Coca-Cola. No tenían ningún tipo de refrigeración. La pimienta junto con la sal marina eran valiosos conservantes para sus carnes.

Cuando Colón regresó del Nuevo Mundo, se encaminó directamente a la Corte Real, que por aquel entonces estaba situada en el Real Monasterio de Guadalupe en los profundos montes de la España occidental. (Los Reyes Católicos poseían una corte itinerante que en ocasiones se desplazaba con el fin de reforzar las relaciones entre las diferentes regiones de su reino. Anteriormente a Guadalupe se habían asentado temporalmente en Sevilla). Allí, en el monasterio mudéjar en aquel valle abrigado por montañas, les ofreció a sus protectores pimientos chile entre otros tesoros. Esto complació grandemente al rey y a la reina.

Sin dilación, los hermanos franciscanos del lugar plantaron las semillas en los jardines del monasterio- ¡a menos de un día de viaje de donde en la actualidad se ahúma el pimentón! Gracias al interés en la horticultura de Colón, desde entonces personas de ambos continentes disfrutaron de la comida aromatizada y conservada en pimentón ahumado.

Muchos otros tesoros culinarios con los que los primeros exploradores regresaron a España perduraron en el tiempo más que la plata y el oro. Cambiaron la forma de vida de toda Europa. La lista de dichos alimentos es sorprendente: vainilla, chocolate, tomates, patatas, fresas, calabaza, maíz, aguacate, piñas y pimientos de todo tipo. ¿Qué sería de nosotros sin todos ellos?

Los españoles llevaron muchos de sus propios tesoros a América. ¿Se imagina los días en los que no había cítricos en California, Tejas ni Florida? ¿Y el Salvaje Oeste sin caballos? Todos ellos fueron traídos al Nuevo Mundo por exploradores y misioneros. Puesto que los españoles habían amado de siempre la buena comida, Cristóbal Colón se aseguró de incluir varios cerdos ibéricos en el primer viaje. Después de todo, ¿cómo iba a almorzar en condiciones un español sin su jamón de pata negra?

Cuando se siente a la mesa de Acción de Gracias rodeado de su familia y de otros seres queridos, no olvide que nuestros antepasados contribuyeron al suministro de los alimentos que tiene delante—una Cornucopia de muchas civilizaciones.

Con el deseo de un estupendo Día de Acción de Gracias para toda su familia de parte de la nuestra,

Don

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