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Reflections on Spain

The Wild West of Spain

My wife Ruth and I began our serious exploration of Spain thirty-five years ago when Spain was just beginning to stir from a long social and economic slumber. The years of poverty brought on by the Civil War and its aftermath were still a fresh memory. Many of the mothers of Spain were dressed in black. In much of Spain the 'moto' (motor bike) was the only mode of transportation, if one chose not to walk.

I remember driving along a country road in Aragon and seeing a farmer making furrows in the rich soil with his horse-drawn plow while his wife followed just behind stooping over to plant seedlings. When I was stationed in Rota I remember driving around the outskirts of the naval base and seeing a father preparing his field for a crop of sunflowers with his ten year old son by his side. The little boy was learning what soon would be his responsibility as a man. He did not have the modern-day luxury of wondering what kind of career path he would follow.

In those days, Ruth and I would rent a small SEAT 850 - the most basic of cars - and set off into the countryside. We particularly liked heading west beyond Salamanca toward the western border with Portugal where traces of modernity are less apparent. In the midst of this mountainous part of Salamanca, among the craggy landscape of rocks and meadows, is the dehesa, a grassy pastureland dotted with cork and holm oaks.

The dehesa is the favorite grazing area of the free-range black hoofed cerdo ibérico, the rare Iberian pig. During the autumn each one of them gobbles up bellotas (acorns) fallen from the trees at the astonishing rate of over twenty pounds of acorns a day! Like the famous fighting bulls, the lineage of these animals traces back to prehistory. Their presence is central to the Spanish culture.

I think it is fascinating that Spaniards use this term 'sacrifice' when referring to the slaughter of their animals. For me the word 'sacrifice' connotes a closer relationship between man and animal than we normally think of in America. It means that the death of the animal has a sacred dimension in the human�s daily living. The Spaniards ritualize and sanctify the loss of life as no other people that I know of -- whether it be the profound processions of Semana Santa; the ritual in the bull ring; or the traditional late autumn matanza, where all of the town gathers to slaughter (sacrifice) their animals in preparation for the lean winter months ahead.

Hams are omnipresent throughout the land. Black bulls may appear more heroic, but the ham from the pigs is more immediate. You will see plates of sliced jamón everywhere. During the Christmas season whole hams hang by the hundreds from the rafters of the stores. During the year you will find that not a café exists without a ham proudly displayed on a stand (with several more to back it up).

What underscored the importance of the Iberian pig to Spain for me was when I read that Columbus included Iberian pigs among his 'passengers' when he sat sail on his second voyage of discovery. He intended for them to multiply in the New World and thereby nourish the valiant Spanish settlers for years to come.

As curious as it may seem to some of you, pigs and hams reflect an idealized set of values of Spain, much as cowboys rounding up longhorn steer are idealized images of America's past. The free-range Iberian pigs capture a romantic view that the Spanish people treasure: the simple valor of the frontier, a nation with a calling, and a sweeping land that sustained people on their mission of reconquest. When Spaniards savor wafer thin slices of their jamón it evokes images of the forests and the shifting frontier- much as we in America romanticize a big sizzling steak that we prepare with pride on our outdoor grills.

I find the parallels with the American romance of the Wild West are fascinating. The Spaniards repopulated the land by granting land for families to herd sheep and tend their Iberian boars, much as we Americans populated the expanding Western frontier by establishing homesteads for sheepherders and cattle ranchers.

The more I travel the byways of Spain and meet her generous people, the clearer it becomes to me the affinity we have for one another as Americans and Spaniards. The incidents of history make us appear to be very different, especially since America is such a young country. But we share the core values of valor, an independent spirit and the interdependence of the family.

Tu amigo

Don

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El Salvaje Oeste Español

Mi mujer Ruth y yo empezamos a explorar España en serio hace 35 años cuando España acababa de empezar a despertar de un largo periodo de adormecimiento social y cultural. Los años de pobreza que trajo la guerra civil y su posguerra todavía eran una memoria reciente. Muchas de las madres de España vestían de negro. En una gran parte de España la moto era el único medio de transporte, si no se quería ir andando.

Recuerdo ir conduciendo en una carretera por el campo de Aragón y ver un granjero arando la rica tierra con su arado tirado por un caballo mientras su mujer le seguía detrás agachándose para ir sembrando. Cuando me destinaron a Rota me acuerdo de conducir por los alrededores de la base y ver a un padre preparando su campo para una cosecha de girasoles con su hijo de diez años a su lado. El niño estaba aprendiendo lo que pronto sería su responsabilidad como hombre. No gozaba del lujo moderno de preguntarse cuál sería la carrera que seguiría en la vida.

En esos días, Ruth y yo nos alquilábamos un pequeño SEAT 850 - el coche más básico - y nos aventurábamos por el campo. Nos gustaba especialmente irnos hacia el oeste más allá de Salamanca hacia el borde oeste con Portugal en el que se ven menos las marcas de la modernidad. En medio de esta parte montañosa de Salamanca, en mitad del paisaje de rocas y valles, está la dehesa, una tierra de pastos completada aquí y allá por encinas y robles.

La dehesa es la zona de pasto favorita del cerdo ibérico de pata negra, este poco común cerdo ibérico que se cría en campo abierto. ¡Durante el otoño, todos y cada uno de ellos come bellotas que caen de los árboles al asombroso ritmo de más de veinte libras de bellotas diarias! Como los famosos toros bravos, la genealogía de estos animales se remonta a la prehistoria. Su presencia es central en la cultura española.

Creo que es fascinante que los españoles usen la palabra 'sacrificio' cuando se refieren a la matanza de sus animales. Para mí la palabra 'sacrificio' denota una relación más cercana entre el hombre y el animal que la que normalmente consideramos en América. Significa que la muerte del animal tiene una dimensión sagrada en la vida diaria del humano. Los españoles ritualizan y santifican la pérdida de la vida como no lo hace nadie más que yo conozca; ya sea en las profundas procesiones de Semana Santa, el ritual de la plaza de toros, o la tradicional matanza de finales de otoño, donde todo el pueblo se reúne para sacrificar a sus animales para los parcos meses de invierno que se avecinan.

Los jamones son omnipresentes en todo el territorio. Los toros negros pueden pareces más heroicos, pero el jamón de los cerdos es más inmediato. Verán platos con lonchas de jamón en todas partes. En navidades, se cuelgan jamones enteros a cientos en las tiendas. Durante el año verá que no hay ni un café que no tenga un jamón montado con orgullo en su jamonero (con varios más que lo apoyan).

Lo que para mí denota la importancia del cerdo ibérico en España es el que Colón se llevara cerdos ibéricos de 'pasajeros' cuando emprendió su segundo viaje de descubrimiento. Su intención fue que se multiplicaran en el Nuevo Mundo y así alimentaran a los valientes colonos españoles en los años venideros.

Aunque a algunos de ustedes les parezca curioso, los cerdos y los jamones reflejan una serie de valores idealizados de España, de la misma manera que los vaqueros que echan el lazo son imágenes idealizadas del pasado americano. Los cerdos ibéricos que se crían en campo abierto capturan una vista romántica que los españoles atesoran: el simple valor de la frontera, una nación con un destino, y una tierra que mantuvo a la gente en su misión de reconquista. Cuando los españole saborean las finísimas lonchas de su jamón, les evoca imágenes de los bosques y la cambiante frontera, al igual que nosotros en América idealizamos un gran filete humeante que preparamos con orgullo en nuestras barbacoas.

Encuentro que son fascinantes los paralelos con el romanticismo del lejano oeste americano. Los españoles repoblaron sus tierras concediendo terrenos a familias que criaran ovejas y atendieran a sus jabalíes, al igual que los americanos poblamos la cambiante frontera del oeste con hogares para pastores de ovejas y rancheros de ganado.

Cuanto más viajo por las partes ignotas de España y conozco a sus generosas gentes, más clara veo la afinidad que tenemos el uno por el otro como americanos y españoles. Los incidentes de la historia nos hacen parecer muy distintos, especialmente considerando que América es un país tan joven. Pero compartimos los valores intrínsecos de valor, un espíritu independiente y la interdependencia de la familia.

Tu amigo

Don

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