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Reflections on Spain

La Familia: Spain

The day after his 19th birthday a Spanish youth named Rafael Nadal won the French Open tennis tournament. After the young Spaniard scored the winning serve he rushed over to embrace his family -- and then in his youthful exuberance he hugged Juan Carlos I, King of Spain!

Later on during the festivities as he was speaking softly to his parents, he looked up at the press and said: 'I hope all this won't change me. I would like to stay the same as I've always been, and I believe I will pull it off. I want to continue being a 19-year old youngster and play my tennis.'

Even though this young man has already earned well over $1 million, Rafael continues to share an apartment building with his family: His grandparents live on the ground floor; his uncle Toni lives with his wife and three daughters on the second floor; his parents live on the next floor, and he shares the top floor with his younger sister Maria Isabel.

Many emerging tennis players leave their homes and families in their teen years to perfect their games in tennis academies and training centers. Nevertheless, Sebastian and Ana María Nadal decided that it was best for their son Rafael to remain home in Manacor, Mallorca, where the family has been since the 14th C. He could train with his uncle and go to a regular secondary school. Their values were clear.

Forty years ago Ruth and I were married and settled into our life together. However, I was a newly commissioned naval officer, and twelve weeks later the Navy had a surprise for us: I was sent to sea for a six-month deployment aboard destroyers, and had to leave my bride behind! However, it is an ill wind that blows no good, for my first port of call was Valencia where I had my first taste of Spain, and it captured my heart.

Here I experienced a warm and personal way of life in which the family is most important, and children are included in all aspects of family life. I remember enjoying tapas at a roadside venta after 10:00 PM and hearing the laughter of little children darting in and out of the tables, where their families were seated!

Over the subsequent years of traveling and living in Spain with my wife Ruth and our family, I have sometimes wondered whether I have over-romanticized traditional Spaniards and the values by which they order their lives, but when I read about Rafael and his family the other day, I knew my assessment was true. The traditional Spanish values produce a remarkable people.

This sentiment was reaffirmed when Ruth and I were invited to celebrate the Fourth of July holiday with Jorge Ordoñez and his family. He has devoted his life to the promotion of artisan Spanish wines in America.

Although we had never met them before, Jorge and his American wife Kathy welcomed us into their kitchen as if we were old friends. Soon we joined their friends and family on the back patio for a feast prepared with obvious delight by Jorge himself! Such warmth and generosity: we were included into their gathering - with no pretensions or formalities.

While everyone enjoyed chipirones - baby squid - and a fresh-caught striped bass in his backyard Jorge told us of his life in Malaga. I sensed deep-felt emotion as he talked of his roots in Andalucía and particularly his local area - probably much as the Nadal family might talk about the island of Mallorca if we were sitting with them. Jorge shared with us his pride in the wines he had found and developed, especially from age-old vines. However, our conversation was not just about wine, it was about life together with our loved ones as we exchanged stories about our families --- with their young children Victor and Monica playing in the background.

In traditional Spain, children maintain an intimate connection with their families well into their adult lives. It is not uncommon for sons and daughters to remain at home until they are married in their late twenties. In the United States we have the understanding that if our children hang around home much beyond eighteen, it is time to nudge them out the door. We want them to become independent and self-sufficient. I wonder if the traditional Spanish viewpoint where love between parents and their children is allowed to mature within the family might not be a healthier path to follow. Apparently that is what the young tennis player believes.

The benchmark of the Spanish culture is this warm and cordial hospitality extended to family members and guests alike. Our family experiences this generosity of spirit whenever we are with them - whether we are dining with jamón ibérico experts from the University of Cáceres, or enjoying a cookout with a Spaniard in Greater Boston.

Best of all, this generous way of life can become contagious!

Tu amigo

Don

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La Familia: los Cimientos de España

El día después de su decimonoveno cumpleaños, un joven español llamado Rafael Nadal ganó el campeonato de tenis de Roland Garros. Después de que el joven español se apuntara el servicio de la victoria se fue corriendo a abrazar a su familia... ¡Y después, con la exhuberancia de su juventud, abrazó a Juan Carlos I, Rey de España!

Más tarde, durante la celebración, mientras hablaba en voz baja a sus padres miró hacia arriba a los medios y dijo. 'Espero que todo esto no me cambie. Me gustaría seguir siendo el mismo de siempre, y creo que lo conseguiré. Quiero seguir siendo un chaval de diecinueve años y jugar al tenis.'

Aunque este joven ya ha ganado bastante más del millón de dólares, Rafael continua compartiendo un edificio de apartamentos con su familia: Sus abuelos viven en el bajo, su tío Toni vive con su mujer y tres hijas en el segundo, sus padres en el siguiente piso, y él comparte el piso de arriba con su hermana pequeña María Isabel.

Muchos jugadores de tenis nuevos dejan sus hogares y sus familias en su adolescencia para perfeccionar su juego en academias de tenis y centros de entrenamiento. Pero Sebastián y Ana María Nadal decidieron que era mejor para su hijo Rafael era quedarse en casa en Manacor, Mallorca, donde la familia ha vivido desde el siglo XIV. Podía entrenarse con su tío e ir a una escuela secundaria normal. Sus valores estaban claros.

Hace cuarenta años Ruth y yo nos casamos y nos acomodamos en nuestra vida en común. Sin embargo, me acababan de adjudicar un puesto de oficial naval, y doce semanas después la Marina tenía una sorpresa para nosotros: ¡Me mandaron a alta mar en una operación de seis meses en destructores, y tuve que dejar a mi mujer en tierra! Sin embargo, todo tiene su parte positiva, porque mi primer puerto de atraque fue Valencia, en el que tuve mi primer contacto con España y me capturó el corazón.

Aquí experimenté un modo de vida cálido y personal en el que la familia tiene máxima importancia, y los niños se incluyen en todos los aspectos de la vida familiar. ¡Me acuerdo de disfrutar tomando tapas en una venta de carretera después de las diez de la noche y oyendo la risa de los niños pequeños que correteaban por las mesas, en las que estaban sentadas sus familias!

Durante los años sucesivos de viajes y estancias en España con mi mujer Ruth y nuestra familia, , me he preguntado a veces si le he puesto un prisma demasiado romántico a los españoles tradicionales y los valores por los que rigen sus vidas, pero cuando leí la historia de Rafael y su familia el otro día, supe que mi impresión era correcta. Los valores tradicionales de España producen gente excepcional.

Este sentimiento se reafirmó cuando a Ruth y a mi nos invitaron a celebrar el Cuatro de Julio con Jorge Ordóñez y su familia. Ha dedicado su vida a la promoción de vinos artesanales españoles en América.

Aunque nunca les habíamos conocido antes, Jorge y su mujer americana Kathy nos dieron la bienvenida en su cocina como si fuéramos viejos amigos. Al poco nos reunimos con sus amigos y familiares en el patio trasero para disfrutar de un festín preparado con obvio placer por el mismo Jorge! Qué calidez y generosidad: Nos incluyeron en su círculo, sin pretensiones ni formalidades.

Mientras disfrutábamos de los chipirones y una lubina recién pescada en su jardín, Jorge nos habló de su vida en Málaga. Percibí emociones profundas mientras hablaba de sus raíces en Andalucía y particularmente su zona local; probablemente muy parecidas a las que pueda comentar la familia Nadal sobre la isla de Mallorca si hubiera estado sentado con ellos. Jorge compartió con nosotros su orgullo en los vinos que había encontrado y desarrollado, sobre todo de viñas antiquísimas. Pero no era sólo el vino, era la vida en común la que compartimos mientras intercambiábamos historias sobre nuestras familias... con sus pequeños Víctor y Mónica jugando detrás.

En la España tradicional, los niños mantienen una conexión íntima con sus familias bien entrada su vida adulta. No es extraño que los hijos y las hijas se queden en casa hasta que se casen a los veintitantos. En Estados Unidos tenemos la idea de que si nuestros hijos se quedan en casa muy pasados los dieciocho, es hora de darles un empujón al otro lado de la puerta. Queremos que se hagan independientes y autosuficientes. Me pregunto si el punto de vista español tradicional donde el amor entre los padres y sus hijos se permite madurar dentro de la familia no sea un camino más saludable que seguir. Aparentemente esto es lo que cree el joven jugador de tenis.

El punto de referencia de la cultura española es la hospitalidad cálida y cordial que se extiende igual a miembros de la familia que a invitados. Nuestra familia extiende esta generosidad de espíritu siempre que estamos con ellos, ya estamos cenando con expertos en jamón ibérico de la Universidad de Cáceres, o disfrutando de una comida con un español a las afueras de Boston.

¡Y lo mejor es que este modo de vida generoso puede volverse contagioso!

Tu amigo

Don

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