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Reflections on Spain

Enduring Values

This year our family participated in the Independence Day celebration in neighboring Yorktown, Virginia. The high point of the activities in this small rural town was an appealingly amateur parade. Among the groups represented were boy scouts, city and county leaders, members of the local antique car club, and small contingents of coast guardsmen, marines, soldiers, and sailors drawn from the bases that dot the area.

People of all ages were gathered along the parade route -- teenagers hanging out together, retired people chatting while seated on portable chairs, parents with toddlers in their back packs and young children waving at the participants in the parade. Volunteers manned booths in adjoining fields serving hot dogs and homemade sweets to raise money for community activities. All in all, we were not a homogenous group -- we were Americans. What we had in common was that we felt part of a society that seeks to include us all.

Several years before on another July day my wife Ruth and I were a part of another patriotic celebration, this time in northwest Spain. We were in Santiago de Compostela to celebrate the feast day of St. James, the patron saint of Spain, and to welcome our son Jonathan who was completing a 400 mile walk along the Camino de Santiago, the medieval pilgrimage trail.

After a joyful reunion, the three of us soon blended into the warm and engaging crowd gathered in the Plaza de Obradoiro in front of the pilgrimage cathedral. We were standing among thousands of Spaniards from all walks of life, and from the many and varied regions of Spain: Asturias and Andalucía; Extremadura and Aragon; Madrid and Mazagón.

Soon we were enveloped in a light show which was flashed upon the imposing façade of the cathedral. It celebrated the crucial victory of native Spaniards over the marauding Moorish troops of Almansur. The battle changed the course of the history of Spain; much as the British surrender at Yorktown changed the history of America one thousand years later.

As distinct as these two patriotic celebrations may first appear, the essence of each is the same: the affirmation of a common bond. Americans, of a nation of immigrants, experience the unity of a common dream -- out of many we are one: e pluribus unum. Spaniards revisit the spiritual roots they hold in common on the feast day of Santiago who led them into battle.

In either country we enjoy the warmth of ordinary people when they include us in their lives: their wine, their music, and their traditional fare. Here in Virginia the local fare is crabs and oysters from the Chesapeake Bay. But I guess the traditional fare throughout America is hamburgers and hot dogs, popcorn and Coke! In Santiago we enjoy the local pulpo, pimientos de Padrón, the Torta de Santiago almond cake. In Spain as a whole, the emblematic food is the omnipresent jamón serrano.

Sharing traditions is a source of great satisfaction to our family. When we are in Spain we are always on the lookout for families who are proud of the artisan products they have produced for generations. I am sure many of them do not know how important they are: the women patiently wrapping individual 'tortas' (cookies) ---much the way the first ones did at the 19th Century stage coach stop; or the farmer who nourishes his grove of olive trees with natural fertilizer as his family has done for hundreds of years in that very soil. To them their work is mundane. To us their livelihood is the substance of tradition. They are affirming their heritage and providing fertile soil for the roots of the current generation.

The breakdown of community is what the news media encourage us to dwell upon - the chaotic disruptions of our culture today. In fact, generating alarm is its lifeblood. But we do not need to be led in that direction. When I stand along the shady streets of Yorktown, with my grandson perched on my shoulders and hear the Fife and Drum Corps playing Yankee Doodle it puts things into perspective.

There are enduring values of family and pride of individual work that we must honor so that they will pass to the next generation. We need to encourage those who embody this integrity in their work and in their lives. That is what our family is seeking to do though many of the products we bring to you at La Tienda.

Atentamente,

Don

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Valores Perdurables

Queridos amigos de Tienda,

Este año mi familia participó en la celebracion del Día de la Independencia en el vecino pueblo de Yorktown, Virginia. El punto álgido de las actividades de este pueblecito rural fue un desfile encantadoramente local. Entre los grupos representados había boy scouts, líderes de la ciudad y el condado, miembros del club local de coches antiguos, y pequeños contingentes de guardacostas, marines, soldados y marineros venidos de las bases que abundan en la zona.

En la ruta del desfile se mezclaba gente de todas las edades. Adolescentes haciendo grupo, jubilados charlando sentados en sillas portátiles, padres con bebés en sus portabebés y niños pequeños saludando a los participantes del desfile. Había voluntarios atendiendo casetas en el campo de alrededor, sirviendo perritos calientes y dulces caseros para obtener fondos para actividades comunitarias. En resumen, no éramos un grupo homogéneo... éramos americanos. Lo que teníamos en común es que nos sentíamos parte de una sociedad que busca incluirnos a todos.

Varios años antes en otro día de julio mi mujer Ruth y yo tomamos parte en otra celebración patriótica, en este caso en el noroeste de España. Estábamos en Santiago de Compostela para celebrar la festividad del día de Santiago, el patrón de España, y dar la bienvenida a nuestro hijo Jonathan que estaba completando una andadura de 400 millas por el Camino de Santiago, el camino de peregrinaje medieval.

Después de un feliz encuentro, los tres nos vimos pronto mezclados con la cálida y acogedora multitud que se reunía en la Plaza del Obradoiro, frente a la Catedral de los peregrinos. Estábamos rodeados de miles de españoles de todas las clases y provenientes de las muchas y diversas regiones de España: Asturias y Andalucía; Extremadura y Aragón; Madrid y Mazagón.

Pronto nos vimos envueltos por un espectáculo de luces que se proyectaba en la imponente fachada de la catedral. Celebraba la crucial victoria de los españoles originarios contra las inquisitivas tropas moras de Almanzor. La batalla cambió el curso de la historia de España; muy parecido a cómo la rendición británica de Yorktown cambió la historia de América mil años después.

Por muy distintas que puedan parecer estas dos celebraciones patrióticas a primera vista, la esencia de cada una es la misma: la afirmación de un lazo de unión común. Los americanos, de una nación de inmigrantes, experimentan la unidad de un sueño común; de muchos somos uno, e pluribus unum. Los españoles recuerdan las bases espirituales que tienen en común en la fiesta de Santiago, que les guió en la batalla.

En cualquiera de los dos países disfrutamos del calor de la gente de la calle cuando nos incluyen en sus vidas: su vino, su música y su comida tradicional. Aquí en Virginia el plato tradicional son los cangrejos y las ostras de Chesapeake Bay. ¡Pero supongo que el plato tradicional en toda América son las hamburguesas y los perritos calientes, las palomitas y la Coca-Cola! En Santiago disfrutamos del pulpo local, los pimientos de Padrón, la torta de Santiago a base de almendras. En España en su conjunto, el plato emblemático es el omnipresente jamón serrano.

Compartir tradiciones es una fuente de gran satisfacción para nuestra familia. Cuando estamos en España siempre buscamos familias que están orgullosas de los productos artesanos que han producido durante generaciones. Estoy seguro de que muchos de ellos no saben lo importantes que son: las pacientes mujeres envolviendo tortas individualmente, muy parecido a como lo hacían sus antecesoras en la parada de diligencias el siglo XIX; o el granjero que alimenta a su olivar con fertilizantes naturales como ha hecho su familia durante cientos de años en ese mismo suelo. Para ellos, su trabajo es algo mundano. Para nosotros su modo de vida es la sustancia de la tradición. Están afirmando su herencia y proporcionando un suelo fértil para las raíces de la generación actual.

Los medios de comunicación nos instan a que prestemos atención a la ruptura de la comunidad, a los caóticos quebrantos de nuestra cultura de hoy en día. En realidad, generar alarma es su medio de vida. Pero no nos tenemos que dejar llevar en esa dirección. Cuando me encuentro en las umbrías calles de Yorktown, con mi nieto sobre los hombros, y oigo al Fife and Drum Corps tocar Yankee Doodle se ponen las cosas en perspectiva.

Hay valores duraderos de familia y orgullo por el trabajo individual que debemos respetar para que pasen a la siguiente generación. Tenemos que apoyar a los que personifican esta integridad en sus trabajos y sus vidas. Esto es lo que intenta nuestra familia por medio de muchos de los productos que te traemos en La Tienda.

Atentamente,

Don

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