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Reflections on Spain

A Healthy and Prosperous Spain

Over the past few years my days have been brightened by receiving messages from many new friends in the Tienda community -- both Spaniards and Americans. We share our mutual love for the Spanish people. Particularly poignant were the personal reflections I received after the terrorist bombing in Madrid last March. For many of us the attack was a jarring reminder of the reality of modern times. We have had to adjust our romantic idyll of this wonderful country with its rich tradition.

The other day I received an e-mail from a Tienda friend which said, in part:

"I am of Spanish descent. I studied in Valencia in the late 60's. I loved Spain, but after a recent trip, I am having trouble maintaining that special feeling. I see Spain developing into an ever more modern country with traffic jams and millions of buildings. I guess I wanted Spain to remain imbedded in the culture and history of their ancient past. How do you maintain your enthusiasm and love for this country?"

These are my thoughts: The Spain that we loved in the 1960's was an impoverished country still recovering from a horrifying civil war where one third of the Spanish men were killed by their brothers. It was normal for us to see mourning women dressed in black. After the civil war came decades of economic isolation during which time people struggled merely to survive. Because of these conditions we visitors got a glimpse into a pre-industrial culture and were able to discern what are the essentials of living -- which did not include cars and autopistas, television, or splendid new buildings.

As I moved among the Spaniards in those earlier years I had an insight into what was important to them. Faith, family, and a sense of dignity were what sustained them. I would marvel how even in deprivation they lived with dignity. Their family ties were strong -- their children were dressed beautifully. I saw how these good people bonded together in adversity and preserved their basic values, as they were shunned by the modern world.

But surely I did not want these brave people to become frozen in time for my edification. Life was hard. I wished to see them, armed with these core values, rise like a phoenix from the ashes and become what is now the New Spain. The same qualities of resilience and integrity, which are embedded in their past, are the cornerstone of their identity today.

On the newsstands of Madrid the same week as the bombing, Time Magazine International's cover story proclaimed "Spain Rocks!" The magazine pages were filled with example after example of how Spaniards are the leaders of Western Europe in culture, cinema, the arts, music, and industry. The magazine especially celebrated Spanish chefs, who are in the vanguard of Continental cuisine.

This is how I maintain enthusiasm and love for this country of Spain. Granted, donkeys with grass saddle bags have given way to cars and traffic jams. Prosperity has meant that they, like the rest of us, are tempted by consumerism. But it is also true that because of their quality of life, which in many ways surpasses ours, Spaniards have the luxury to revisit their roots and grow the organic food, recreate the old recipes for artisan products, reclaim the traditional treasures that had been neglected by necessity. And they pass it on to us.

So next week my son Tim and I will take the marvelous AVE bullet train to Sevilla, enjoy a festival of age-old flamenco music, and linger on the shores of Cádiz - a city of past glory. Then we will visit a multi-million dollar new facility prepared to export jamón ibérico to America. At the end of the brief trip we will be the guests of a proud owner who will show us his family's state-of-the art factory in Jijona. For five generations marcona almonds and orange blossom honey have been blended there to make the incomparable turrón candy. Now the tradition continues but by using modern methods.

I am thrilled to see the Spanish people healthy and prosperous. It is also true that I miss the charm of seeing oxen plowing the fields in Galicia, and the conviviality of the local market in El Puerto de Santa María where my friend the fisherman used to carve me a steak from a freshly caught swordfish. But I can't have it all.

¡Viva España!

Don

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Una España Saludable y Próspera

A lo largo de los años, los mensajes de muchos nuevos amigos de la comunidad de Tienda han alegrado mis días. Hemos compartido, tanto con españoles como con americanos, nuestro amor por la gente de España. Han sido particularmente impactantes las reflexiones personales que recibí después del atentado terrorista en Madrid el marzo pasado. Para muchos de nosotros, el ataque fue un devastador recordatorio de la realidad de los tiempos modernos. Hemos tenido que ajustar nuestro romántico idilio con este maravilloso país de ricas tradiciones.

El otro día recibí un correo electrónico de un amigo de Tienda que decía en parte: "Soy de descendencia Española. Estudié en Valencia a finales de los sesenta. Me encantaba España, pero tras un viaje reciente, me resulta complicado mantener ese sentimiento especial. Veo a España convirtiéndose en un país cada vez más moderno, con atascos de tráfico y millones de edificios. Supongo que quería que España se quedara anclada en la cultura y la historia de su remoto pasado. ¿Cómo mantienen su entusiasmo y su amor por este país?"

Mi respuesta es: La España que adorábamos en los años sesenta era un país muy pobre, que aún se estaba recuperando de una horripilante guerra civil en la que un tercio de los españoles murieron a manos de sus hermanos. El negro era la norma en la vestimenta de las mujeres. Tras la guerra civil vinieron décadas de aislamiento económico en las que la gente luchaba siquiera para sobrevivir. Debido a estas condiciones, los visitantes podían echar un vistazo a una cultura preindustrial y ver lo que era esencial: ni coches, ni televisión, ni nuevos y brillantes edificios y autopistas.

Cuando me movía entre los españoles en esos tiempos pasados, podía ver claramente lo que era importante para ellos. La fe, la familia, y un sentimiento de dignidad les sustentaban. Me maravillaba de cómo, incluso ante las privaciones, vivían con dignidad. Sus lazos familiares eran fuertes; sus niños iban hermosamente vestidos. Veía cómo estas buenas gentes se unían ante la adversidad y preservaban sus valores básicos, rechazados por el mundo moderno.

Pero definitivamente no quise que esta gente valiente se congelara en el tiempo para mi edificación. La vida era dura. Quería verles, dotados de estos valores esenciales, resurgir como el ave fénix de las cenizas y convertirse en lo que es ahora la Nueva España. Las mismas cualidades de resistencia e integridad, que están enraizadas en su pasado, son el pilar de su identidad presente.

En los quioscos de Madrid, la misma semana del atentado, el reportaje de portada de Time Magazine International proclamaba "¡España impera!". Las páginas de la revista estaban llenas de ejemplo tras ejemplo de cómo los españoles son los líderes de Europa Occidental en cultura, cine, artes, música e industria. La revista alababa especialmente a chefs españoles, que están en la vanguardia de la cocina continental.

Así es como mantengo el entusiasmo y el amor por este país que es España. Cierto, las motocicletas con bolsas de hierba han dejado paso a los coches y los atascos. La prosperidad ha hecho que ellos, como el resto de nosotros, se vean tentados por el consumismo. Pero también es cierto que por su calidad de vida, que en muchos aspectos sobrepasa a la nuestra, los españoles tienen el lujo de poder volver a visitar sus raíces y cultivar comida orgánica, recrear sus antiguas recetas de productos artesanos, reclamar los tesoros tradicionales que la necesidad había obligado a ignorar. Y nos los transmiten a nosotros.

Así que la semana que viene mi hijo Tim y yo tomaremos el maravilloso tren de alta velocidad AVE a Sevilla, disfrutaremos de un festival de vieja música flamenca, nos relajaremos en las costas de Cádiz, una ciudad de glorias pasadas. Luego visitaremos un establecimiento nuevo de millones de dólares preparado para exportar jamón ibérico a América. Al final del breve viaje seremos huéspedes de un orgulloso due&ntile;o que nos enseñará la fantástica factoría de su familia en Jijona. Durante cinco generaciones, las almendras de Marcona y la miel de azahar se han mezclado allí para crear el incomparable turrón. Ahora la tradición continua, pero utilizando métodos modernos.

Me emociona ver a los españoles con salud y prosperidad. Es cierto también que echo de menos el encanto de ver bueyes arando los campos de Galicia, y la cordialidad del mercado local de El Puerto de Santa María donde mi amigo el pescadero me solía cortar un filete de un emperador recién pescado. Pero no se puede tener todo. ¡Viva España!

Tu amigo,

Don

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