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Reflections on Spain

Healthy Food

My wife Ruth and I love to travel the back roads of Spain.  We have visited just about every nook and cranny of Spain over the past 35 years, and our sons have been part of the adventure from the time they were little children.  Today they enjoy meeting the local artisans, farmers, and fishermen as much as we do.  The terrain of Spain can be rugged and the towns in the varied regions may have distinctive dialects; yet we sense an elemental integrity and generosity of spirit, which is held in common throughout Spain.

We do not need to drive very far to return to the natural way of doing things - it seems to be at the very heart of Spain.  I know it is easy to become sentimental about the olden days, and forget about the farmer who had no labor-saving devices to spare his aching back.  Nevertheless the traditional worker's self respect depended on the quality of his labor.  He took personal pride in what he produced with his hands. 

The focus of the farmer is on the quality of the crop he is cultivating, or the animal he is breeding -- with never a thought given to the demands of mass production.  I recall an owner of an olive grove who chose to have ample room between his olive trees so that each one would flourish.  Because of this decision he will need to follow the traditional way of harvesting the ripe fruit by beating the olive-laden branches with a stick, rather than seeking some time saving machine. 

While we were standing there he told me that he was saddened to see that some of the young workers wanted to mechanize the harvesting process.  I looked around expecting to see a large piece of farming equipment looming in the grove.  However, all I could see were men shaking the branches as has been done for thousands of years.  Then I looked closely at a couple of the young men who had strapped a tiny motor to the end of their poles.  The motor vibrated the stick so that they could shake the branch faster!  Nothing revolutionary there.

Just last month in Alicante my son Tim and I visited with three young women who wanted us to taste the picolimón table olives they had developed.  The  olives are grown to organic standards; hand picked; and processed using no harsh chemicals; no additives to enhance the appearance, and no flavor enhancers added to the brine.  They were just plain olives.  But they were so good a gourmet friend of mine in New York told me they were the best bottled olives she had ever tasted --- they were almost as good as the olives from a tub in a rural market in Spain.

I have been trying to get a handle on why so many of us value these all-natural items.  Is it for reasons of good health or superior flavor?  Alternatively, is it a yearning for a simpler time when the product at the market was actually what it appeared to be?  I think I arrived at my personal conclusion as I recalled the days when I was a kid and awaited Thanksgiving Day with great anticipation.

We would go over to our grandparents' house for a gathering of the Harris Clan.  My father was one of eight children, and they in turn had many children.  Somehow we all gathered around the table, which extended from the dining room into the front hall and in later years into the living room (with a supplementary table or two added on). 

My aunts were busy in the kitchen making pies and stuffing, cranberry sauce and all the fixings, while my grandfather puffed on his pipe and many of the younger men and boys played touch football.  At the appropriate moment we would gather, and the roasted turkey would be brought in to the table to the delight of all.  It was golden and flavorful with lots of moist dark meat -- my favorite part of the turkey.

This year, I am awaiting Thanksgiving Day with equal anticipation but this time I will be the grandfather, our sons Tim and Jonathan will be there with their families (including three delightful pre-schoolers).  Only our son Chris and his wife will be not be with us, for they are far away in Armenia!  I planned to   recapture the memory of that wonderful turkey of my past, by ordering a classic heritage turkey, rather than bringing home one of the gigantic white creatures of today, which have virtually none of my favorite dark meat.  To my dismay I found that the turkeys of my childhood are literally a vanishing breed.  They have been replaced by the turkeys of today -- a product of the industrial age.  Through breeding and hormones they are top-heavy -- their breasts are so laden with white meat that they can't even walk! 

I now understand perfectly why all-natural and organic food is appealing.  It makes sense that something naturally grown without the 'benefit' of industrial additives is likely to be healthier to eat.  It is easy to accept that a product is more authentic when the producer grows the fruit, or raises the animal naturally for flavor, rather than for volume or appearance.  Besides, the more we appreciate and support the artisan growers by purchasing the fruit of their labor, the more we will preserve the traditions --which are what we value about Spain.

May you have a warm and happy Thanksgiving with those close to you -- and whatever may grace your table, remember it is the atmosphere of love and friendship that counts.

My best to you and your family,

Don

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Comida Sana

A mi mujer Ruth y a mí nos encanta viajar por la España menos frecuentada. Hemos visitado prácticamente todos los rincones y confines de España durante los últimos 35 años, y nuestros hijos han formado parte de la aventura desde que eran pequeños. Hoy disfrutan conociendo a los artesanos locales, los granjeros y los pescadores tanto como nosotros. Las tierras de España pueden ser accidentadas y los pueblos de las distintas regiones tienen dialectos distintivos, pero aun así percibimos una integridad elemental y una generosidad de espíritu que es común a toda España

No necesitamos conducir muy lejos para volver a la forma natural de hacer las cosas; el español parece llevarla en el tuétano. Sé que es fácil ponerse sentimental recordando los viejos tiempos, y olvidarse del granjero que no tenía aparatos que le facilitaban el trabajo para aliviar su espalda cansada. Sin embargo, el respeto que el trabajador tradicional tenía por sí mismo dependía de la calidad de su trabajo. Sentía orgullo propio por lo que producía con sus manos.

El granjero se centra en la calidad de la cosecha que cultiva, o del animal que cuida; nunca le dedica un pensamiento a las demandas de la producción masiva. Me acuerdo de un propietario de un olivar que prefirió tener espacio amplio entre sus olivos para que todos ellos florecieran. Debido a esta decisión necesitará seguir el procedimiento tradicional de la cosecha del fruto maduro golpeando las ramas cargadas de aceitunas con un palo, en lugar de buscar una máquina que le ahorre tiempo. 

Mientras estábamos allí me dijo que le daba pena ver que algunos de los trabajadores jóvenes querían mecanizar el proceso de la cosecha. Miré a mi alrededor esperando ver un gran montaje de equipo en la distancia. Sin embargo, lo único que vi fueron hombres agitando las ramas al igual que se ha hecho durante miles de años. A continuación me fijé en un par de jóvenes que habían atado un minúsculo motor al extremo de sus palos. ¡El motor hacía vibrar el palo para poder golpear la rama más rápido! Nada revolucionario en ello.

El mismo mes pasado en Alicante mi hijo Tim y yo visitamos tres jóvenes mujeres que nos querían dar a probar las aceitunas de mesa picolimón que habían creado. Las aceitunas se cultivan orgánicamente, se recogen a mano, y se procesan sin usar químicos fuertes, ni aditivos para mejorar su apariencia, ni potenciadores de sabor añadidos a la salmuera. Eran simple y llanamente aceitunas. Pero eran tan buenas que una gourmet amiga mía de Nueva York me dijo que eran las mejores aceitunas embotelladas que había probado en su vida. Eran casi tan buenas como las aceitunas de una tina de un mercado rural de España.

He estado intentando llegar a entender por qué tantos de nosotros valoramos estos artículos totalmente naturales. ¿Es por calidad en la salud o sabor superior? ¿O más bien un ansia por tiempos más simples cuando los productos del mercado eran de verdad lo que parecían ser? Creo que llegué a mi conclusión personal recordando los días en que era niño y esperaba el día de Acción de Gracias con gran anticipación.

Nos íbamos a casa de nuestros abuelos para hacer una reunión del "Clan Harris." Mi padre venía de una familia de ocho hermanos, que a su vez tuvieron muchos hijos. De alguna manera nos reuníamos alrededor de la mesa, que se extendía desde el comedor hasta el recibidor y en años posteriores hasta el salón (con una mesa supletoria o dos más). 

Mis tías se afanaban en la cocina haciendo tartas y relleno, salsa de arándanos y todas las guarniciones, mientras mi abuelo fumaba en su pipa y muchos de los hombres más jóvenes y chicos jugaban a fútbol. En el momento preciso nos reuníamos, y se traía el pavo asado a la mesa para disfrute de todos. Era dorado y sabroso con mucha carne oscura tierna, mi parte favorita del pavo.

Este año, espero el día de Acción de Gracias con la misma anticipación, pero esta vez seré el abuelo. Nuestros hijos Tim y Jonathan estarán allí con sus familias (incluyendo tres maravillosos pequeños). Sólo nuestro hijo Chris y su mujer estarán ausentes, porque están muy lejos en Armenia. Tenía pensado recapturar la memoria de ese estupendo pavo de mi pasado pidiendo un pavo de herencia clásica en lugar de traer a casa una de esas blancas criaturas gigantes de hoy, que casi no tienen nada de mi carne oscura favorita. Para mi desmayo descubrí que los pavos de mi niñez están literalmente desapareciendo como especie. Los han sustituido los pavos de hoy, un producto de la era industrial. Con su crianza y las hormonas pesan mucho más. ¡Sus pechugas tienen tanta carne blanca que no pueden ni andar!

Ahora entiendo perfectamente por qué la comida orgánica plenamente natural es atractiva. Tiene sentido pensar que algo producido naturalmente sin los beneficios de aditivos industriales es probablemente más saludable a la hora de comer. Es fácil aceptad que un producto es más auténtico cuando el productor deja crecer la fruta, o cría al animal naturalmente para darle sabor, más que para volumen o apariencia. Además, cuanto más apreciemos y apoyemos a los agricultores artesanos comprando el fruto de su labor, más preservaremos las tradiciones, que son lo que valoramos de España.

Espero que tengáis un día de Acción de Gracias cálido y feliz con vuestros seres queridos, y no os preocupéis por la calidad del pavo. Sea lo que sea lo que llene vuestra mesa, recordad que lo que cuenta es la atmósfera de amor y amistad.

Tu amigo,

Don

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